Dios inicia todo, Nosotros nada! Si lo empieza, Él sigue y
Él lo termina.
Nosotros nos metemos en lo que Él está haciendo.
Nos pone un sentir interior que es el tono.
El tono autoridad:
¿Cuántas veces dijimos: cómo me gustaría poder dar la
palabra correcta, que vea el cielo abierto para esta
persona?
“Señor, quiero que te expreses a través mío! Hablá vos a
través mío!”
Cada vez que eso pasa es un hablar con autoridad.
Yo me meto en Su hablar y Su voz habla a través mío!
Ahí no hay ansiedad, hay calma espiritual, quietud.
Antes de que viniera esa carga hubo una muerte de mi
alma.
Cristo no esperaba nada de la gente. Jesús no tenía en los
otros su fuente. Esperaba todo de Dios. La única fuente
era su Padre.
La gente no es nuestra fuente, solo lo es Dios.
Juan 5:19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto,
de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí
mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo
que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Él lo hacía nada que el Padre no le dijera.
Tenemos que morir a nuestra voluntad y a lo que
queremos decir, al impulso de dar respuesta siempre. Si
morimos a eso aparece la vida de resurrección y es una
vida de autoridad que ordena lo desordenado.
No espero nada como respuesta de la gente.
Lucas 18: 1-8 También les refirió Jesús una parábola
sobre la necesidad de orar siempre, y no
desmayar, 2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que
ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. 3 Había también
en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo:
Hazme justicia de mi adversario. 4 Y él no quiso por algún
tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque
ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, 5 sin
embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré
justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la
paciencia. 6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez
injusto. 7 ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos,
que claman a él día y noche? ¿Se tardará en
responderles? 8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero
cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la
tierra?
Siempre creímos que esto tenía que ver con insistir a Dios
con oración para que responda.
La clave está en no desmayar.
El juez es malo y la viuda sin respaldo.
Esta mujer vuelve al mismo juez injusto. Para ella era su
fuente, por eso volvía y volvía.
“No desmayes” significa permanecer en la fuente. Que
permanezcamos en Él aunque no veamos aún señales.
¿Cómo son las palabras que nacen del alma?
Cuando nos justificamos, llenamos con oraciones porque
no soportamos el silencio. O porque queremos convencer
a la otra persona. Hasta podemos aprender un formato
(el altar, el giro, el tono, etc) que parece espiritual sin
haberlo experimentado.
Ese hablar nunca tiene autoridad.
Tampoco es autoridad por vivir tal o cual experiencia, sino
cual fue la fuente durante esa experiencia.
La verdadera autoridad viene cuando estamos unidos a
nuestra fuente que es el Señor.
¡Pablo no había caminado con Cristo pero hablaba con
autoridad!
¡Él es nuestro centro!! ¡No los canales!
Cuando Cristo es tu centro no vas a de iglesia en iglesia, ni
de equipo en equipo. Porque ahí estás buscando en
centro en la gente…
Cuando Cristo es mi fuente tengo estabilidad interior.
Si Cristo es el centro hay sobriedad en las palabras
porque es Él hablando.
Una palabra dicha desde el espíritu siempre te va a llevar
a la luz de Cristo no hacia la persona.
Juan 6:66-68 Desde entonces muchos de sus discípulos
volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67 Dijo entonces
Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también
vosotros? 68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién
iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
¿A quién iremos? Hay rendición de alternativas.
¡No hay manera de ir a otro! ¡No hay otra fuente!! ¡No
hay otra opción solo Cristo!
Una sola palabra que salga de nuestra boca que venga de
Dios puede transformar una vida.
Jesús tuvo autoridad aún en el silencio.

