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La vida que te levanta

3 min de lectura

La oración no es una actividad que hago religiosa. “Tengo que orar”.

La oración es un vivir. Es comunión, intimidad y disfrute con Él.

Estamos unidos a Él. “Lo que Dios unió no lo separa el hombre”.

Tenemos una vida compartida. Escuchamos la voz entre el Padre y el Hijo. ¡Hemos sido invitados a escuchar!

Estamos dentro compartiendo esa intimidad. ¿Entonces por qué tenemos que orar? Porque Él quiere compartir Su deseo con nosotros y que participemos del obrar de ese deseo.

Dios tiene un deseo, un querer. Ese querer es soberano. Qué es que toda se reúna en Cristo. Esa voluntad es buena, agradable y perfecta.

Nosotros también tenemos un deseo y creemos que es bueno, agradable y perfecto.

Entonces tenemos también un querer. Pero el deseo del Señor es soberano. Él quiere más.

Mi deseo es como una gotita de agua y el de Dios es como un río.

Él ve algo que yo no estoy viendo.

En intimidad reconozco delante de Él que mi deseo es incompleto. Pongo ese deseo bajo el gobierno del Señor y espero en Él. Lo espero a Él.

Entonces empieza a obrar en mí y a perfeccionarme. Tal vez me afine la oración. Nos va mostrando de a poco Su deseo. Tal vez a través de una historia de la Biblia. O a través de una carga que tal vez no “tenga nada que ver” y no lo entiendas… y orás Su oración.

Él trabaja hasta que Su deseo sea el mío. El deseo dentro nuestro ahora viene del Padre.

Nuestro corazón tiene que estar disponible para todo lo que Él quiera.

Jeremías 20:7   Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.

Nos seduce con Su querer.

Él produce el querer, como el hacer Él es la Fuente de las dos cosas.

No sirve el querer sin el hacer.

Hechos 1:14 Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Hechos 2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Oraban continuamente. La fuerza de Él se está moviendo y a vos te saca.

¡El que nos habita quiere moverse!

¡Somos movidos para la energía Divina, el energom!

Hechos 3:1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.

Nadie hacía nada porque ya se habían acostumbrado a verlo. No había más esperanza ni expectativas.

Esta vez Dios les hizo fijar la vista a Pedro y Juan en ese hombre que seguro ya habían visto mucho. Es Dios dando la acción. Le llevaron el Nombre de Jesús. A una fuente distinta que siempre había tenido. (La limosna de alguien).

¡Tal vez algo secuestró tu atención!

Tal vez estás esclavizado por la atención a esa hija/o.

Tal vez una enfermedad te secuestró la atención o un conflicto de pareja.

A veces resistimos la fuerza que nos mueve porque no queremos. Entonces tenemos que reconocer lo que nos atrapó y que no podemos salir.

Entregá la persona en que eso te convirtió, porque está usando la fuerza de alma.

“¡¡Señor viví vos que estás dentro mío, Vivi tu vida a través mío!!”

Entonces Él nos dará su acción. Es Él el que nos mueve.

Esa acción es breve: “llamá, escribí, pedí perdón, etc”.

Ahí saliste del cautiverio interior.

1 Samuel 30:6   Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios.

1 Samuel 30:8 Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.

1 Samuel 30:9 Partió, pues, David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde se quedaron algunos.

¡Le dio el querer y lo hizo!

Alejandra Stamateas

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