¡Mirarlo a Él cada día!
Lo que veo de Él se me añade. Solemos mirarnos mucho a nosotros u a otros. Estamos muy ocupados por nosotros.
Estamos auto ocupados. Llenos de nosotros. Por ejemplo nos levantamos y ya estamos pensando en lo que tenemos que hacer.
¡A veces no sabemos dónde estamos ubicados, pero nuestra ubicación es Cristo!
Jesús tenía una túnica de un hilo. Que representa Su carácter, es armonioso. No está dividido ni fracturado.
Salmos 85:10 La misericordia y la verdad se encontraron;
La justicia y la paz se besaron.
¡Esto es un solo hilo! ¡Es armonía!
Se encuentre Jesús en el pozo con la mujer samaritana. Le dice la verdad que había tenido 5 maridos y que el actual no lo era. Pero al segundo le dice que hay una fuente de agua de vida.
Dijo la verdad pero en ese momento también ofreció su misericordia.
Nosotros no somos así. Se nos notan los parches por todos lados. Por ejemplo, las virtudes compiten, se alternan según los ámbitos.
Estamos divididos, no concebimos tener autoridad y ternura en una misma persona.
En el Señor autoridad y ternura era la misma costura.
El pecado fracciona. Vivimos con opuestos. ¿Cómo le digo esto para que no se ofenda? Le digo duramente y listo o lo suavizo por inseguridad.
Quiero ser amorosa con mi hijo entonces no pongo límites, pero exploto y se cae todo.
Vivimos por todo o nada, esa es la fractura que tenemos. “O como todo o no le pongo nada”… es un extremo.
¡¡Corazón partido!!
O disfruto o trabajo… quiero descansar entonces largo todo. … vivo por emociones extremas.
¡Se nos notan las costuras por todos lados! Entonces quien gobierna ahí es el alma.
Si yo veo como Él no está fragmentado sino unido eso se imprime en mi vida.
La escena de la transfiguración:
Pedro estaba fragmentado.
Para Pedro Moisés representaba la Ley. No entiende que cuando viene Jesús cumple en sí mismo toda la ley.
Todos tenemos el “cuartito ley”: “hoy tengo que leer la biblia” “tengo que estar bien, tengo que dar testimonio” “tengo que levantarme más temprano para orar”.
¡¡Cristo no puede expresarse porque estoy haciendo un esfuerzo para tener algo que ya tengo!! ¡Que es Cristo!
Vivimos culpándonos porque la ley es imposible de cumplir. ¡¡¡¡Cristo ya cumplió toda la ley!!!!¡Vivimos por la gracia de Dios!
Elías representa los profetas. Dios habla y confronta, anuncia lo que viene. Jesús es el cumplimiento de todas las profecías. ¡El que iba a venir ya vino!
Cuando dependemos de una palabra profética o de una señal. Queremos confirmación todo el tiempo. Y el corazón nunca descansa en Cristo. Si la palabra y señal reemplazan a la comunión lo he perdido todo. No importa si hay o no señal.
Si estoy todo el tiempo esperando eso vivo una vida cristiana ansiosa.
¡El Hijo ya fue dado!! ¡La Palabra ya está dentro mío!
Pedro puso a Jesús como a uno más. Aunque había recibido que era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Pero no podía vivir desde esa revelación.
Él no es uno más, es el Único, ¡¡¡es el Todo!!!
La única enramada es Cristo y en ella estamos todos.
Pedro no quería la cruz, no podemos ¡Experimentar Cristo sin ella!
La cruz, la rendición hace que unifiquemos nuestra mirada. Dejaremos de estar fragmentados.
Cristo es la única tienda donde todos debemos estar y verlo a Él.
Jesús mostraba Su grandeza y se inclinaba a la vez. ¡Nos dice “no tengas miedo!” Una sola pieza.
Jesús no es una tienda más. No es algo más en nuestra vida.
Cuando pasamos por la Cruz lo veremos a Él solo.
Todo lo demás habrá caído.
Cada vez que tu mente vaya por muchos lados e intente resolver, volvé a verlo a Él solo. ¡Es suficiente!
Ana va al templo y deja de responder a todas las voces de su mente. Y solo lo ve al
Señor y derrama su alma (eso es altar). Toma todos sus fragmentos y los rinde. Dios une en ella lo que estaba partido.
1 Samuel 1:18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
¿Qué pasó? Si aún no tenía el hijo.
Se rindió toda y Dios unió todo lo que estaba en ella partido. La transformó en una historia divina, tomo esa historia rota y la transformó en una historia divina.
Cuando venga la fragmentación, no temas. ¡Levántate y ve solo al Señor!
¡¡¡¡Somos uno en El no hay dos personas!!!!

