Él ora por mí.
Lo que estuvimos contemplando de Él se nos ha añadido.
Entro en la Palabra buscándolo a Él. No buscando soluciones a mis problemas.
La transformación no viene tratando de parecerme a Él, sino contemplándolo.
No hay contemplación sin invocación. ¡Lo veo y tengo que abrir la boca!
Invocar no es una fórmula. No es algo que tengo que decir para quedar bien o repetir como loro.
Lucas 22:31-34 31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33 Él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no solo a la cárcel, sino también a la muerte. 34 Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.
Lo llama con su nombre natural. La debilidad de Pedro era su yo.
El Señor nos dice “yo he rogado por ti”. Está intercediendo por nosotros.
Él siempre se anticipa. Tenía profundo interés por Pedro, como por nosotros.
No es que le tuvo que suplicar al Padre sino que Padre y el Hijo están en un diálogo de amor hablan de él.
Es un diálogo eterno el que tienen por nosotros. ¡Cada día!
¿Por qué a Pedro y no a todos?, es a él que le iba a doler descubrir su debilidad.
Se creía el más cercano al Señor, pero debió cargar con la decepción de sí mismo. Con la
vergüenza de haber negado al Señor.
Juan 17:20 Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
Ruega por todos.
¿Qué ora el Señor por nosotros?
Ora para que nuestra fe no falte.
Que no lo perdamos a Él en medio del zarandeo. Que no lo dejemos de ver a Él.
¿Qué hubiese pasado si Jesús no hubiera intercedido por Pedro?
Pedro hubiese quedado entregado a sí mismo, a su fuerza, a su amor propio, a su seguridad. Abandonado a su yo. Fascinado consigo mismo.
Siempre hay una oración que nos sostiene y es la oración del Hijo por nosotros.
Hebreos 7:25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Jesús intercede siempre por nosotros! Lo hace como Sumo Sacerdote.
La cruz es la gran oración del Hijo.
Lucas 23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
En la cruz no hubo condena, sino perdón.
El intercediendo por aquellos cuando lo estaban matando.
La cruz no interrumpió la oración de Jesús.
Ahora que vimos como Él ruega por nosotros, vamos a poder orar nosotros por otros.
Cantares 6:9
Mas una es la paloma mía, la perfecta mía;
Es la única de su madre,
La escogida de la que la dio a luz.
La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada;
Las reinas y las concubinas, y la alabaron.

