Ya estoy acostumbrada, las emociones siempre me juegan en contra

¿Te considerás híper emocional? Todos tenemos emociones y razón, es decir, sentimos y razonamos. Hay personas que creen que por ser muy emocionales no son inteligentes, pero esa afirmación no es cierta: podemos ser muy emocionales y muy inteligentes a la vez. Por ejemplo, vemos a una familia que está en situación de calle, y si somos muy emocionales, seguramente vamos a sentir que se nos parte el corazón, empatizamos con esas personas, y rápidamente ayudamos con dinero o lo que tengamos a mano; pero también podemos usar la razón y pensar estratégicamente cómo es la mejor manera de ayudar a esa familia a dejar de vivir en situación de calle.

Pero en este mensaje quiero hablarte de cuando usamos mal la emoción. Lo primero que tenemos que recordar es que está muy bien que usemos nuestras emociones —especialmente porque a las mujeres se nos ha enseñado desde chiquititas a desarrollar nuestra vida emocional—; el problema comienza cuando las utilizamos mal, cuando las usamos en contra de nosotras mismas. Siguiendo con el ejemplo anterior, supongamos que en vez de pensar una estrategia para ayudar a la familia, por impulso emocional decidiste llevar a esas personas a vivir a tu casa. Y así comenzaron los problemas: en una casa donde vivían cuatro personas pasaron a vivir nueve o diez y como la pareja tenía varios hijos menores, podés tener problemas legales, denuncias, etc., e incluso, la que corre el riesgo de terminar en la calle ¡soy vos! ¿Y todo por qué? Porque usaste mal las emociones, no fuiste estratégica, no combinaste las dos cosas con las que fuiste creado: razón y emoción. ¿Qué pasa cuando cometemos esos errores emocionales?

¿Se acuerdan de la serie de televisión que se llamaba “El túnel del tiempo”? Los protagonistas entraban a una máquina del tiempo y viajaban hacia el pasado o hacia el futuro. Si hoy tuvieras la posibilidad de subirte a esa máquina y viajar en el tiempo, ¿a dónde te irías, al pasado o al futuro? Hay muchas personas que no querrían volver al pasado, porque allí encontrarían alegrías, pero también mucho dolor, errores, algunos amores que es mejor olvidar, decisiones verdaderamente equivocadas que tomaron de manera impulsiva, usando mal sus emociones.

¿Te imaginás lo que sería hoy tu presente si algunas cosas hubiesen sido distintas?, ¿cómo sería tu vida si no te hubieses casado con ese hombre al que nunca amaste, si no hubieras dejado los estudios, si no hubieras hecho ese negocio? Es probable que sientas que por usar mal tus emociones, por tomar decisiones equivocadas, se te pasaron muchas oportunidades, y que esas puertas tal vez nunca más se vuelvan a abrir.

¿Qué cosas ya no esperás que te pasen? Muchas veces nos acostumbramos a vivir de cierta manera, como nos acostumbramos, por ejemplo, a vivir con dolor de cabeza. Hay personas que siempre tienen dolor de cabeza, y ya no se cuestionan si está bien o está mal que continuamente tengan dolor de cabeza, simplemente ya están acostumbradas a vivir así, por lo que ya no hacen nada para cambiar esa situación. Tal vez te hayas acostumbrado a tener dolor de espalda, a no irte de vacaciones, a vivir con humedad en las paredes de tu casa, a ver telarañas en el techo, a que una puerta no cierre, a tener un cajón roto… Cuando te acostumbrás a algo, ya no lo sentís, te da lo mismo. ¿A qué te acostumbraste?, porque si estás acostumbrada, no vas a esperar un cambio; si te acostumbraste, dentro de vos tus emociones te van a decir: “Esto es así, ya no se puede hacer nada”.

Tanto en las cosas pequeñas como en las cosas grandes, actuamos de la misma manera: decimos que tenemos la esperanza de que las cosas cambien, pero en el fondo ya nos acostumbramos y ya no esperamos nada. Por eso, vuelvo a preguntarte: ¿a qué te acostumbraste en tu vida? ¿Te acostumbraste a tener problemas en tu pareja porque hasta ahora vivieron peleando?, ¿te acostumbraste a no tener una familia porque hasta ahora no la pudiste construir? No te conformes, no te acostumbres a seguir igual por el resto de tu vida, ¡esperá siempre una nueva oportunidad!
Querida mujer, no tenés que acostumbrarte a nada malo, ni siquiera a lo bueno, porque si te acostumbrás a lo bueno, te perdés lo mejor, y vos y yo no estamos para lo bueno, ¡estamos para recibir lo mejor en esta vida!

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