Despiertos a Su ola
3 min de lectura
La oración profunda empieza cuando algo del corazón de Dios empieza a aparecer en mi corazón.
Su deseo ahora empieza a ser el mío. Ahora no oro lo que me parece, sino que lo miro y su deseo ahora está en mi corazón.
No hay nada más lindo que conocer el plan de Dios.
Tenemos que orar Su deseo porque así participamos, nos movemos con Él en la misma dirección. Así no damos nuestros propios pasos, caminamos con Él.
El secreto es esperar.
Lo espero a Él y Sus deseos van apareciendo en mi corazón. Rindo mi lista... entrego mi voluntad.
No solo oro sino que también quiero conocer Su corazón…. Entonces espero. Esta espera no es pasiva, sigo… no termina el momento de oración y ya está.
En la espera Él va a trabajar en mí. Me va a fortalecer. ¡Voy a salir de la oración fortalecido!
¡¡¡Y también nos ensancha!!! Para poder recibir ese deseo divino.
Hay cosas que a las que decimos que “no”. Por eso nos tiene que ensanchar.
Daniel 10:19 Mientras él me hablaba, recobré las fuerzas y dije: “Hable mi Señor, porque me has fortalecido”
Isaías 40:31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Cuando oramos la primera obra ocurre primero adentro nuestro, luego viene la respuesta.
El Señor nos dará un verbo. Una acción.
Mientras espero pasan muchas cosas porque estoy disponible para Él.
Habacuc 2:1 Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja.
Hay que velar en la oración. Me mantengo vigilante porque si no me pasan inadvertidas las cosas que el Señor está haciendo.
Por ahí aparezca una oportunidad, o tal vez una tentación que deba rechazar.
Estoy orando por alguien, pero quedo atento al mover de lo que Dios está haciendo en el cuerpo. Veo como Él está obrando y sé que eso llegará también a la persona por la que estoy orando.
Estoy velando y viendo como Él se mueve. Y de pronto sin controlar empiezo a ver algo…
A veces no podemos velar porque vivimos en automático… “Señor, que mi hija se convierta, Señor ablandala”
Ahí me estoy mirando a mi…
Jueces 13:5 Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos.
Les muestra la ola a los padres.
Sansón nació dentro de algo que Dios ya estaba haciendo, liberar a Israel.
Pero Sansón estaba en la suya, le gustaban mucho las mujeres.
Él vivía preguntándose qué necesitaba él.
Veía que algo se repetía en su vida, cada vez que venía su fuerza algo tenía que ver con los filisteos. Pero sin embargo nunca le pidió a Dios sabiduría. Hasta el final.
Todo lo veía para él. No vio lo que Dios quería hacer. No vio el propósito mayor de Dios.
Su corazón no velaba porque estaba ocupado en sí mismo.
Pero la ola igual se movió porque es Cristo moviéndose.
Aun así, el Señor obra. Aunque no nos demos cuenta de que es la ola donde Dios nos metió.
Efesios 5:14 Por lo cual dice:
Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo.
¡¡Dejar de hacer todo en automático!!
¡Hay una ola! ¡Metete!
El dormido no registra los cambios. Sansón no supo que Dios se había ido del él cuando le cortaron el pelo.
Estar atento a ver qué se repite porque ahí está la ola de algo grande que el Señor está haciendo.
Hechos 16:13 Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.
No hay nada extraordinario… charlaron mientras lavaban… ese lugar fue un estanque el Señor llenó. ¡Ahí Lidia se convierte y se funda la primera iglesia de Filipos!
Ahí estaba la ola…
Alejandra Stamateas
Compartir en WhatsApp