Los problemas son como espacios cerrados donde empezamos a dar vueltas y a girar en nuestro yo (Sparks).
El Yo odia la impotencia y quiere resolver el problema y salir de la situación.
Efesios 3:20-21 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.
El problema lo resolvemos con el poder de la Palabra.
Zacarías 4:6 Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
No es con tu razón ni fuerza, es con el poderoso Espíritu de Dios.
No le des autoridad a tu razón. Tengo que pensar….
No agrandes a la razón. Lo grande en nosotros es el Espíritu de Diós que vive dentro nuestro.
El origen del yo es la autosuficiencia. Dice: “Tenés que poder resolver eso”.
No querer rendirnos delante del Señor. La cultura premia o castiga al yo.
Ejemplo: “me calmé sino lo mataba” entonces te aplauden usaste el yo para calmarte.
O te castigan “tendrías que haber hecho esto otro”.
El sistema te pide que respondas con asertividad, “defendé tu yo a cualquier precio”.
¿Cómo reconozco cuando estoy tratando de resolver desde mi yo?.

Cuando tenemos un problema Cristo no te lo va a solucionar o corregir sino que te va a hacer trascender con Él. Lo hace con el GIRO.
Girar a Cristo.
El alma tiene que dejar de actuar desde el conocimiento para ahora escuchar a Cristo. “Que estás diciendo Señor vos?”
Cada vez que escuchamos “el yo os digo”, es un acto de abandono. Es rendirnos. Soltárselo a Él.
¿Cuál es la diferencia entre rendirme resignarme?
Cuando me resigno el alma lo hace porque ya no puede controlar algo. Genera amargura. Y espera que el otro reaccione porque pensás que tenés razón. Sede por cansancio.
¡¡Cuando me rindo gano!!
Lo dejo en Sus manos. ¡Es un rindo porque vos podés!
El va a hacer la obrar que Él quiere no lo que yo digo que es correcto. Es una herida al yo.
Confío en Él sin esperar que Su respuesta sea igual a la mía.
“Yo te sigo a vos, no me sigas a mí.”
Entonces el Señor nos empieza a dar luz.
Frente al caos “sea la luz”. Esa luz es Cristo que está ordenando lo
que se desordenó en mi vida.
Y comienza con un trabajo subterráneo. A veces no ves pero lo está haciendo.
Él va a marcar lo que hay que llevar al altar. Te muestra algo que sostiene o alimenta ese problema.
Lo mejor que te puede pasar con un problema es que te lleve delante del Señor.
Cuando tenemos problemas el Señor está observando todo y está escribiendo en tierra… (esperando lo que el Padre quería decir)
Todos reciben luz al ver su pecado y tiran las piedras…
La mujer queda sola delante del Señor, llena de vergüenza. Jesús la mira con tanto amor. Se podría haber ido pero se quedó. Se rindió ante Su mirada.
El problema es el escenario divino.. donde te dice “rendirte, déjamelo a mí”, no pelees con las voces.

