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Oraciones celestiales, respuestas divinas

¡Si aprendo a orar, aprendo todo! Dios hace todo a través de la oración. 

Cuando oramos cooperamos con Él. Cada vez que oramos prometió darnos recompensa. 

Lucas 11:1 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.

Jesús estaba orando y los discípulos estaban escuchando y viendo cómo Él hablaba con Su Papá.

Ellos veían que no era algo que podían capturar rápido. Ellos veían una oración viviente, no religiosa. 

Habrán dicho: “Nosotros vemos que ahí pasa algo, no es estático”.

Llevá al altar cada vez que te veas orando en el alma, religiosamente, sin ir al espíritu.

Veían que Jesús tenía una relación de intimidad con el Padre. Una relación de amor. 

Cuando nos acercamos a Él tiene que expresarse una relación de amor con Él. ¡Es un encuentro amoroso!

También había seguridad. Porque cada vez que terminaba de orar sabía qué decir y qué hacer. Con la seguridad que lo estaba guiando el Padre.

Jesús estaba en éxtasis. Se olvidaba de todo lo de alrededor y de Él

mismo. Él iba por el plan del Padre. No se preocupaba por Él. 

Había transformación en Él luego de orar. Su rostro resplandecía. 

Hay tres oraciones que hace Jesús por nosotros:

  • Que conozcamos y disfrutemos la herencia que Él obtuvo. Los testimonios son la herencia cobrada. 
  • Que Él crezca en nosotros. Que algo de Él se forje en nuestras vidas. Muero a lo mío y algo de Él crece en mí. Morir a la imagen que tenemos de la persona sin Cristo. “Mostrame Señor cómo te estás construyendo en esa persona”, orar esa imagen. Ver lo que Él ve y eso orarlo.  
  • Que el plan eterno del Padre se cumpla. Que todo gire alrededor de Él. 

Tenemos que entender que la oración no es local, es mundial. 

Él pone alrededor de nuestra vida un montón de gente. Nos da autoridad con esa gente para que vengan a los pies de Cristo.

Hechos 8:1 Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.

Se habían quedado en Jerusalén entonces el Señor generó una dispersión para que lleven el evangelio.

Cada vez que limites la oración a una sola área, vas a tener menos respuestas.

Oro en la medida que me sirve a mí sino no oro.

La oración “asado”, (la de la carne) la oración “Disney” (todo para mí, la del

Alma)

¿Qué hacer?

  • No abandones la oración. No te aterrorices delante de Dios. No pasa nada si no decimos “lo correcto”, estamos delante de un Padre amoroso. No está esperando que seamos perfectos.
  • Debo detenerme. Ganar a Cristo cuando oramos. No es la oración correcta sino cuánto Cristo está creciendo en mí. Me detengo y lo empiezo a disfrutar. Ejemplo: tomar un pasaje bíblico (el que vengo leyendo sistemáticamente) y orar la Palabra. Repetir las veces necesarias y empezará a salir una oración desde el Espíritu. Orar esa Palabra para orar en las 4 dimensiones. 

Marcos 9:29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

“Esto sale con intimidad”

La Palabra tiene un poder aniquilador, es agua que limpia. Y ahí podemos orar en el Espíritu.

Nutrite de la Palabra hasta que el Señor te dé la oración para ese día. 

  • Profundizá más en el Señor.  Más adoración, más invocación. Cabá más profundo.
  • Velá por la oración, perseguí la oración que hiciste.
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