Siempre termino traicionándome

Todos tenemos algún área de nuestra vida en la que a diario nos traicionamos, porque no cumplimos con lo que nos prometemos. Tal vez te prometiste comer saludable, salir a correr, ir al gimnasio, hacerte los chequeos anuales, y sin embargo, no cumplís.
Hoy quiero hablarte de tres tipos de traiciones que todos solemos hacernos:

  1. La traición a nuestra salud.

¿Cómo nos traicionamos en la salud? Nos traicionamos cuando no le podemos decir que no a eso que nos hace mal. Nos prometemos no comer alimentos que dañan nuestra salud y empezamos una dieta, pero como no vemos resultados inmediatos, la abandonamos a los pocos días; nos anotamos en el gimnasio, pero como no vemos un rápido cambio en nuestro cuerpo, pronto dejamos de ir; tomamos la medicación que el médico nos recetó, pero como inmediatamente no vemos mejoras, suspendemos el tratamiento. ¿Alguna vez empezaste algo y pronto lo abandonaste? Necesitamos determinarnos algo y entrar en el proceso, porque no basta con declarar que vamos a hacer algo si después no soportamos los procesos y abandonamos antes de tiempo.

  1. La traición a nuestra sabiduría.

Todos tenemos sabiduría, pero a veces traicionamos nuestras capacidades. ¿Cómo lo hacemos? Explicando nuestra mediocridad. Damos explicaciones y excusas de por qué no tenemos éxito, por qué no nos va bien en la vida. Decimos: “es que a mí nadie me ayuda”, “es que yo tuve una vida dura”, “yo vengo de una familia con muchas carencias”, y así traicionamos nuestra sabiduría. Conocí una persona que aseguraba: “No puedo tener dinero porque tengo muchos hijos”. Otras explican: “yo no puedo seguir adelante porque tengo un marido violento” o “yo no crezco porque la gente que me acompaña no se compromete”. Se encierran en supuestas imposibilidades y declaran: “no puedo dejar de comer eso que me hace mal”, “no puedo tener éxito, ganar un mayor sueldo ni tener mi propia empresa porque estoy imposibilitada”. Las personas que ponen este tipo de excusas traicionan su sabiduría, su capacidad. Vos y yo no tenemos que dar una explicación para justificar lo que no nos sale, en lugar de eso, debemos afirmar: “Yo tengo capacidad, inteligencia y fuerzas, y por eso voy a seguir adelante hasta lograr mis metas”. No te detengas, no pongas excusas, no justifiques tu mediocridad o lo que no te sale, tenés que seguir adelante confiando que a vos todo te va a salir bien.

  1. La traición a la voluntad.

Hay personas que dicen: “no sé cómo ella lo logra”, “no sé de dónde saca las fuerzas”, “no entiendo cómo hace para alcanzar todo lo que se propone”. Todos tenemos voluntad, pero a la voluntad hay que desarrollarla. Cuando te ponés una meta y no la alcanzás es porque resolvés tus problemas siempre de la misma manera y no buscás una forma alternativa, no hacés nada diferente.
Si algo no te está dando resultado, poné voluntad en hacer algo distinto. Si querés mejorar tu cuerpo y no te da resultado ir al gimnasio, hacé otra cosa, por ejemplo, andá a bailar salsa. Usá tu voluntad, dejá de traicionarte dando excusas y justificando tu mediocridad.

Si hay algo que todavía no tenés —pareja, hijos, finanzas, salud, una casa cómoda, etc.—, es porque eso está fuera del área de tu comodidad, está fuera del espacio limitado en el que te movés, y para alcanzarlo es necesario que dejes de decir “no puedo”, “no tengo capacidad”, “estoy bien así, ¿para qué pensar en algo más?”. Necesitás dejar de vivir en la esclavitud y aprender a vivir en libertad. Cuando vivís en esclavitud justificás todos los errores que cometés con tu vida y con la vida de los demás, pero cuando vivís en libertad podés decidir, podés elegir entre muchas opciones. La libertad se basa en la capacidad de tomar decisiones, y si vos no podés tomar decisiones y seguís haciendo lo que siempre hacés, si no podés decidir por las cosas buenas para tu vida, entonces sos esclavo, pero cuando dejás de dar excusas y empezás a decidir, sos libre.

No se trata solamente de proponernos algo, tenemos que aprender a soportar los procesos y estar dispuestas a afrontar tiempos de alta presión, es decir, ocasiones en las que vas a querer largar todo. ¿Recordás cuando en el momento del parto el médico te decía: “¡Puje, puje!” y vos ya estabas agotada, no querías hacer ni un movimiento más? ¡Ese es un momento de alta presión! Lo cierto es que, después de pujar una última vez, diste a luz a una nueva vida. Quiero decirte que te vas a esforzar una y otra vez, pero finalmente lo nuevo va a venir a tu vida. Aprendé a vencer las resistencias, perseverá, esforzate un minuto más, da un paso más, golpeá una puerta más, porque lo que va a nacer será maravilloso.

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