Ya no quiero odiarme por ese error que cometí

¿Alguna vez te odiaste por haber cometido un error? Seguramente sí, todos en algún momento de nuestra vida nos odiamos por haber cometido ciertos errores. Existen dos formas de vivir los errores: como una fuente de debilidad, como una vergüenza, o como una fuente de esperanza y de sabiduría. Y cada uno de nosotros decide cómo quiere vivir sus errores. Ahora, si vemos nuestras equivocaciones como una debilidad que nos avergüenza, ¿qué vamos a hacer con ellas? Las vamos a esconder. Muchas personas viven toda su vida escondiendo un error, ocultándolo para que nadie se entere de lo que hicieron. Cuando empezamos a ocultar nuestro error comenzamos a odiarnos a nosotros mismos por él. Nos “martillamos” mental, emocional y espiritualmente por ese error que cometimos y empezamos a odiarnos. Desde el momento en que nos avergonzamos de ese error y lo escondemos, lo enterramos y no queremos que nadie se entere, comenzamos a odiarnos a nosotras mismas. Esta es la razón por la que no podemos aprender nada del error, y lo único que vamos a buscar en la vida es castigarnos por eso que hicimos. Después nos preguntamos: “¿cómo es posible que siempre me vaya mal económicamente?”, “¿por qué todo el tiempo tengo crisis con mis hijos?”. De alguna manera estamos buscando castigo, que no nos vaya bien, porque sentimos culpa y nos odiamos por ese error que en el pasado cometimos.

Entonces, ¿cómo hacemos para que nuestro error se transforme en una fuente de sabiduría para nuestra vida y obviamente para la vida de otros? En primer lugar, necesitás hacer un recorrido de los pasos que diste hasta cometerlo, porque si no lo hacés, no vas a corregir y vas a vivir con culpa, buscando castigo por ese error que cometiste.

Cometiste un error, y es tiempo de que vuelvas a hacer el recorrido para ver en dónde estuvo ese error, de lo contrario no vas a aprender de él, es decir, en lugar de ser una fuente de sabiduría va a ser una fuente de debilidad y de vergüenza. Y cuando el error es una fuente de sabiduría, descubrirlo te va a hacer feliz. Es muy importante que podamos ver exactamente dónde cometimos el error, porque no tenemos que corregir lo que hicimos bien, sino solo la parte que hicimos mal.
Los grandes errores suelen ser consecuencia de muchos errores más pequeños. Un error pequeño lleva a otro error que no es tan grave, y así sucesivamente, hasta que finalmente cometemos el “gran error”. Lo cierto es que, cuando te mirás a través del error y decís: “soy una adúltera porque tuve relaciones sexuales con tal”, “soy una mala madre porque me equivoqué en esto”, “soy una tonta por cometer este error” o “soy una ladrona porque tomé dinero que no era mío”, ya no podés ver tu potencial. Mirarte a través del error empaña todo lo bueno que tenés, hace que no puedas ver tu potencial.

Ahora, la pregunta clave es: “¿Obtuve el resultado que quería?”. Preguntarnos si obtuvimos el resultado que queríamos es muy importante para entender los errores que cometemos. He escuchado a muchas mujeres decir: “Me acosté con mi mejor amigo para darle celos a mi pareja”. Pero, ¿obtuvieron el resultado que querían? Tal vez sí le dieron celos a la pareja, pero se quedaron con culpa, con angustia, y lo están viviendo mal. El resultado, entonces, fue peor de lo que imaginaban. ¿Conseguiste lo que querías? Porque si no lo conseguiste o lo conseguiste pero ahora te sentís mal, entonces ese no era el camino.

Preguntate si el resultado de lo que hiciste es el que esperabas, si el resultado de ese error era lo que querías conseguir. Si no era lo que querías lograr, si imaginaste otra cosa, ese error ahora es una fuente de vergüenza y de debilidad. Sin embargo, podés volver atrás y hacer el recorrido mental para detectar dónde te equivocaste, para corregir el error y no volverlo a repetir, y así transformarlo en una fuente de sabiduría.

Querida mujer, pensá en ese error que no te perdonaste y venís cargando en silencio hace años, ese error que ocultás porque te trae vergüenza, ese error por el que venís castigándote hace tiempo. Ahora, te invito a que hagas un recorrido para averiguar cuándo fue el día, la hora, el segundo que corriste el límite que tenías en tu vida y cometiste ese error. Cuando lo descubras, tu error se transformará en tu fuente de aprendizaje y de sabiduría, no te odiarás por él, lo soltarás y nunca más volverás a cometerlo.

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