Levantándote para recibir lo nuevo

Es tiempo de que nos levantemos y brillemos, pero ¿qué significa exactamente esta afirmación?, ¿de dónde nos tenemos que levantar? Veamos dos situaciones de las que nos tenemos que levantar:

1. Tenemos que levantarnos de nuestro pasado doloroso, y cuando me refiero a pasado no solo hablo de lo que ocurrió hace diez o veinte años, sino de lo que pasó ayer, esta mañana o hace cinco minutos. Por ejemplo, un pasado doloroso puede ser algo que escuchaste o que te dijeron hace poco y que te hizo daño.

Todos llevamos con nosotros cosas que aprendimos en nuestra infancia, que quedaron grabadas a fuego en nuestra vida, y que son difíciles de soltar. Muchas veces, aunque nos vayamos a otro espacio físico, llevamos con nosotros lo que aprendimos, cosas que hicieron nuestros padres de una manera y que tal vez no pudieron terminar, dejaron a mitad de camino, llevándolos a vivir con frustración. “Mitad de camino” es mediocridad: una persona que se queda a mitad de camino en cualquier área de su vida es una persona mediocre. ¿Sos de dejar cosas por la mitad? Todos tendemos a ser mediocres, y es importante que podamos soltar esa manera que aprendimos de nuestros padres de hacer cosas y dejarlas por la mitad, llevándolos a vivir con frustración.

Cuando te atás a tu pasado doloroso construís desdicha para tu presente y para tu futuro.

Atarse a un pasado doloroso te termina esclavizando, y vos no naciste para ser esclava, sino para vivir en libertad.

Tal vez estás todo el tiempo hablándote a vos misma de tu pasado doloroso y de vergüenza. Pensás: “ay, ¡cuántas veces me han traicionado!” o “no me alcanzaría un día para contar todos los errores que cometí”. Querida mujer, si constantemente estás citándote a vos misma y a los demás tu pasado doloroso, entonces te convertirás en esclava de él, pues al hablar permanentemente de tus errores, tus fracasos y las traiciones que sufriste, la angustia en tu interior crece hasta formar una raíz de amargura que es muy difícil de arrancar. Cada vez que te contás ese pasado doloroso y lo repetís una y otra vez, vas construyendo una imagen negativa de vos misma, y esa imagen negativa que tenés de vos te lleva a desconfiar de tus capacidades.

Todas tenemos una deuda con nosotras mismas que tenemos que saldar, para recién después poder saldar deudas con otros. Saldá la deuda que tenés con vos, porque te estás debiendo tratarte con cariño, te estás debiendo tratarte con dulzura, te estás debiendo hablar bien de tu propia vida, te estás debiendo amor y respeto hacia vos. Tenés que aprender a levantarte de tu pasado doloroso. Dejá de hablar de todo lo que hiciste mal, de tu parejas equivocadas, de tu negocio fallido; dejá de traer tu pasado a tu presente, porque de lo contrario, tu pasado se va a hacer más grande que tu presente, y eso te va a alejar de la felicidad. Hacé un esfuerzo y levantate de la amargura, del dolor; no mires atrás y concentrate en caminar hacia tus sueños.

2. Tenemos que levantanos de la pasividad. Una persona se levanta de la pasividad cuando deja su comodidad. Hay cosas que hacemos que ya nos salen “de taquito”, y eso está bien, pero es momento de que vayas a lo nuevo, que te levantes de lo cómodo, que salgas de la pasividad y digas “basta”. ¿Sabés por qué siguen los inconvenientes económicos, los problemas emocionales, las crisis con tu pareja, las dificultades con tus hijos? Porque te rendiste, porque no te atreviste a levantarte y a decir: “Basta. Basta con el desorden, voy a empezar a poner límites; basta con la desorganización, voy a empezar a ordenar lo que estaba desordenado; basta con el caos, aquí habrá armonía”. Hay gente que no avanza en la vida porque no puede levantarse, porque permanece paralizada, y la parálisis trae confusión y pérdida de la esperanza. Una persona paralizada es alguien que dice: “Ya está, no hay esperanzas, nada va a cambiar, mis hijos van a seguir igual, yo ya no tengo fuerzas, estoy débil”; se autoconvence de que no hay solución, pierde la esperanza y se rinde. No pierdas la esperanza y ponete en movimiento, porque cuando accionás, las cosas ocurren.

Un pintor muy famoso tuvo artritis en sus manos. Cada vez que tomaba un pincel le resultaba muy doloroso. En una oportunidad le preguntaron por qué ya siendo un hombre grande seguía pintando a pesar de ese dolor y su respuesta fue la siguiente: “Porque el dolor se va, pero la belleza queda”.

Cada vez que te atrevés a dar un simple paso para salir de esta esclavitud de tu pasado doloroso, cada vez que resolvés algo, aunque sea pequeño, vas a obtener seguridad y confianza para avanzar hacia el siguiente nivel. Te aliento a que lo hagas. Salí de la pasividad y la desesperanza y ponete en el lugar de la acción. ¡Vos podés!

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