Quisiera largar todo y salir corriendo

¿Alguna vez quisiste largar todo y salir corriendo? Todas hemos vivido situaciones en las que quisimos salir corriendo porque sentimos que no las íbamos a poder resolver, que no teníamos la capacidad para dar una respuesta correcta a esa situación difícil. Pero, ¿por qué las mujeres, frente a ciertas presiones, nos agotamos, nos estresamos más rápido que los varones?

Las mujeres somos más susceptibles que los hombres, estamos más alertas visual y auditivamente, e incluso percibimos más los olores. Esta es la razón por la que aprendemos a reaccionar para defender lo que consideramos que es nuestro. A diferencia del hombre que huye o ataca, la mujer se interpone para proteger: cuando alguien quiere atacar nosotras nos quedamos en el medio, nos interponemos entre el atacante y lo que estamos defendiendo.

Ahora, cada situación en la que tuvimos que interponernos para detener un ataque queda grabada en nuestra memoria, entonces, cuando percibimos alguna señal de que nos puede pasar algo parecido, volvemos a estar alertas. No sabemos si eso está ocurriendo o no, pero nuestro sistema de alerta ya está activado. Recordamos lo que sucedió en aquella situación parecida y volvemos a sentir toda la ansiedad y la angustia que sentimos en aquel momento.

Probablemente el peligro no está presente, pero nuestra alarma ya está activada, el miedo vuelve, y pensamos: “Puede pasar, puede pasar…”. Entonces, decidimos que no nos vamos a quedar quietas para defender a la cría, esta vez vamos a huir. ¿Y sabés cómo huimos las mujeres? A través de la ansiedad. La ansiedad, los ataques de pánico son una manera de salir corriendo frente a una alarma que se enciende dentro de nosotras. Aunque ahora no hay peligro, hacemos una asociación con otra situación parecida del pasado, y como el miedo quedó grabado, la alarma se nos activa de todos modos. Por ejemplo, tu marido no te fue infiel, tu hijo no está con malas compañías, no está pasando nada de eso, pero como la vez anterior te quedaste quieta, interponiéndote, y eso te generó angustia, ansiedad, esta vez vas a salir corriendo.

Hay señales que a las mujeres nos viven activando. Decimos: “esto me parece que ya lo viví”, “este camino ya lo recorrí”, “esta situación me es conocida”, y ahí comienza la taquicardia, el sudor en las manos, los ataques de pánico. Ahora, bien, ¿qué podés hacer frente a esto?

En primer lugar, tenés que identificar cuáles son los elementos que te hacen reaccionar de esa manera. Cada vez que te viene una crisis de ansiedad, cada vez que estás nerviosa, tensionada, y decís: “no puedo dormir”, “me despierto a la noche y no puedo volver a conciliar el sueño”, “no puedo entender qué me pasa, porque no hay un motivo específico para un ataque de pánico, para que me suden las manos”, pensá que todo eso se debe a que en el pasado viviste alguna situación parecida y ahora estás sintiendo que puede llegar a repetirse. La ansiedad es una señal de que estás corriendo, adelantándote a algo que no ocurre y ni siquiera sabés si va a ocurrir. Cuando logres identificar cuándo experimentaste ese miedo, esa ansiedad, esa sensación de que no ibas a poder solucionar el problema, entonces lo vas a poder corregir, porque vas a decir: “Antes sí había un peligro y yo estuve en el medio, pero ahora no hay peligro”. Vas a poder entender que como no hay peligro a la vista, no hay motivo para que se te dispare la ansiedad.

En segundo lugar, tenés que confiar en que podés resolver los problemas que aparecen en tu vida. Es probable que la primera vez que surgieron estuvieras en otra etapa de tu vida y fueras solo una niña o una mujer inexperta que desconocía sus capacidades, que carecía de confianza en sí misma, pero ahora sos una mujer viviendo otro momento, con otra experiencia, con la certeza de que tenés capacidad y potencial para resolver cualquier conflicto.

En tercer lugar, preguntate: “¿por qué me transpiran las manos?”, “¿por qué quiero dejar todo y salir corriendo?”, “¿por qué se me activó toda esta ansiedad?”. Hacete estas preguntas y buscá una red de apoyo, amigos inteligentes, gente que te ayude a que no te protejas más de una herida que no tiene nada que ver con tu presente. Necesitás saber que cuando el pasado vuelve es para que no puedas vivir el presente, para que no logres diseñar tu futuro; por eso, tenés que buscar a alguien que te ayude a abandonar ese pasado y a tomar conciencia de que sos una adulta con defensas viviendo un presente verdaderamente diferente a tu pasado.

Querida mujer, no vivas en el pasado, atada a ese abuso, a ese conflicto con tu pareja, a esa infidelidad; no permitas que un enemigo imaginario te deje encadenada al pasado, impedida de crecer y ser feliz. Sos una mujer adulta, sabia, que aprendió de las experiencias y que está capacitada para resolver todos los problemas que se le presenten.

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