La familia de mi pareja no me quiere

¿Qué hacemos cuando la familia de nuestra pareja no nos acepta? Cuando formamos pareja, ese varón llega a nuestra vida con una familia, con sus costumbres, con sus tradiciones, con sus festejos familiares, con su estilo de vida. En muchas oportunidades, además, los papás de un varón tienen la ilusión de una determinada mujer para su hijo, y tal vez vos no seas justamente el modelo que ellos estaban esperando, por lo que no les podés cumplir sus expectativas, y esta es la razón por la que vienen los conflictos. Lo que ocurre es que muchas veces, cuando comenzamos una relación, evitamos hablar de estos temas. No conversamos con nuestra pareja respecto a los desplantes que nos hizo la madre o eso que nos dijo el padre para así buscar soluciones juntos, y pensamos que el día que nos casemos todos los problemas y las murmuraciones se van a terminar. Sin embargo, esto no es así.
Ahora bien, ¿qué hacemos cuando tenemos conflictos con la familia de nuestra pareja? Veamos algunos puntos a tener en cuenta:

  1. Los problemas que tenemos con la familia de nuestra pareja los tenemos que hablar con nuestra pareja. A veces creemos que se trata de un problema con nuestros suegros o con nuestros cuñados, pero en realidad es un problema que tenemos con nuestra pareja, que como no lo podemos hablar, lo trasladamos a otro familiar. Por ejemplo, si él se comporta como un malcriado pero no se lo podés expresar porque no tenés un buen diálogo o porque no te atrevés, tal vez digas: “Tu mamá los malcrió a todos”, y así trasladás el problema a su madre, cuando el problema no es con ella. Cuando tengas un conflicto con la familia de tu pareja, hablalo con él. No traslades los conflictos que tengas con tu pareja.
  2. No debemos pasar por alto la herida de nuestra pareja. Cuando alguno de los dos se ve afectado por un familiar de la pareja, el otro no tiene que minimizar su sufrimiento y decir: “Bueno, entendelo, papá está enfermo, mamá es así o son personas grandes”. Expresiones como estas muestran que el sufrimiento del otro no importa, pasan por alto la herida, el dolor de la otra persona. Es importante que aprendamos a validar lo que el otro siente. Validar las emociones es decir “comprendo que te sientas así, entiendo que eso te hiere, entiendo que te molesta lo que te dice mi mamá, y vamos a ver cómo juntos podemos buscar una solución a este conflicto”.
  3. Tomar una decisión en pareja. Una vez que hablamos, nos damos cuenta de que no es un problema con nuestra pareja, sino que realmente el conflicto es con nuestra suegra, suegro o cuñado, y el otro entiende nuestro dolor, en pareja decidimos qué es lo que vamos a hacer. Ambos, como pareja, decidimos, por ejemplo, que a partir de ahora no vamos a ir más a la casa de ese familiar o que de determinado tema no vamos a hablar. La decisión debe tomarse en pareja. Pero recordá que quien le tiene que poner límites a sus padres o a sus familiares es el hijo.
  4. No depender de la familia de tu pareja en ningún área. Si dependés de la familia de tu pareja, los familiares se van a creer en condiciones de evaluar como vivís tu vida. Si estás viviendo con ellos, si te dan la plata para pagar el alquiler, si son los niñeros de tus hijos, entonces ellos van a pensar que tienen autoridad para meterse en tu vida y opinar. Tenés que ser independiente de la casa de los padres de él y de la casa de tus padres.
  5. Debemos mirar para adentro. Siempre tenemos que mirar para adentro, pero no para castigarnos, sino para entender que todos tenemos una memoria emocional en la que retenemos cada uno de los rechazos que hemos vivido en nuestra vida, y es necesario que los identifiquemos para poder trabajar en ellos. El gesto de desaprobación de una mamá, la indiferencia de un papá, el desprecio de un amigo, el abandono de una pareja, todos esos rechazos van quedando grabados en nuestra memoria emocional, y esta es la razón por la que cuando alguien del presente nos rechaza, no nos afecta solo ese rechazo actual, sino todos los rechazos que recibimos a lo largo de nuestra vida. Entonces, de manera inconsciente, muchas veces nosotras mismas provocamos el rechazo en el otro al acercarnos con una mala actitud, pensando que nos va a rechazar como nos rechazaron en el pasado.
Necesitás saber que hay personas que nunca te van a querer, que sistemáticamente te van a criticar. Cuando aprendés a vivir con eso, dejás de preocuparte y aprendés la lección. Es importante que puedas afrontar el rechazo, de lo contrario, vas a seguir actuando para repetirlo. Si no enfrentás el rechazo, vas a fracasar en esa prueba, y “prueba fracasada, prueba que se tiene que repetir”, pero si enfrentás el rechazo y lo resolvés, habrás aprendido la lección y podrás afirmar: “¡Prueba superada!”.

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