Nadie me tiene en cuenta, parece que soy invisible

Ser invisible a veces tiene sus ventajas, porque te permite hacer lo que querés sin que nadie te controle; sin embargo, no es agradable que no cuenten nunca con vos para un proyecto, que no te consulten, que a nadie le interese tu opinión, que tu esposo haga gastos y que no sepas nunca en qué invirtió el dinero, o que cuando pasa algo en la familia vos seas la última en enterarte.
Cuando nos sentimos invisibles solemos tomar una de estas tres actitudes:
1. Nos resignamos
Hay gente que se resigna y dice: “Ya está. Siempre voy a ser una sombra, siempre voy a pasar desapercibida. ¿Para qué molestarme en cambiar si a mí nadie me va a llamar, si yo nunca voy a brillar?”. La persona que se resigna es alguien que deja de participar, que se queda fuera y no opina, no pregunta. De a poco se va aislando y volviéndose todavía más invisible.
2. Esperamos
Hay otras personas que esperan y dicen: “Voy a esperar que me llamen, que me pregunten, que se den cuenta de que soy inteligente y capaz”. Existe gente que vive esperando toda su vida, que está como de Cenicienta aguardando el momento en que se organice un baile para hacerse visibles y brillar.
3. Provocamos que las cosas sucedan
La persona que provoca no dice: “voy a dejar que la vida me sorprenda”, sino que afirma “voy a hacer algo para sorprender a la vida”. Es gente que vive moviéndose para lograr su destino.

Como vimos, no es que personas nos consideran invisibles, sino que nosotras mismas actuamos como si lo fuéramos. Por eso, para que puedas ser una provocadora y que todo el mundo pueda verte y apreciar tus capacidades, tus dones y tu inteligencia, no tenés que esperar o resignarte, ¡tenés que provocar!

Dos tips para ser una persona que provoca que las cosas sucedan es su vida:

  1. Tenés que quebrar tu comunicación sumisa

Hay personas que se comunican con los demás como si ellas fueran súbditos y los demás sus jefes, que cuando se relacionan con sus padres, parejas, hijos, amigos, siempre parece que hablan con un jefe y no con un igual, pues lo hacen de manera sumisa, porque siempre se sienten menos. Tal vez pienses: “Bueno, ¿pero cómo me voy a comunicar de igual a igual con una persona que tiene estudios y títulos?”. Necesitás saber que más allá de los títulos, todos somos iguales porque compartimos la misma naturaleza humana.
La comunicación es sumamente importante para establecer buenas relaciones interpersonales, no obstante, hay gente que no puede hablar de igual a igual porque ha aprendido desde su infancia una comunicación de sumisión. ¿Cómo se comunica una mujer sumisa? Hace silencio y piensa: “Mejor no digo nada, por ahí si opino digo una tontería”. Hay también personas que al no poder hablar de igual a igual, cada vez que se comunican lloran, discuten, gritan o suponen. Si cada vez que vas a hablar con el otro para imponer tus ideas tenés que estar en desacuerdo, tenés que gritar, llorar, patalear o hacer silencio, es porque estás usando una comunicación incorrecta, una comunicación sumisa.
En una comunicación de igual a igual hay respeto, y todas las partes aportan y reciben algo en la conversación. Si siempre creés que el mundo es tu maestro y vos tenés que guardar silencio porque pensás que seguramente vas a decir una tontería, si nunca te considerás digna de poder aportar algo al diálogo, entonces te va a ser muy difícil salir del anonimato. Para ser visible es necesario que cambies tu manera de comunicarte: debés dejar de tener miedo a la gente, a expresar tu opinión. ¡Tenés riqueza en tu interior y podés conversar de igual a igual con tu jefe, con tu suegro, con cualquier persona de cualquier tema!

  1. Necesitás quebrar la vergüenza

¿Qué te provoca vergüenza?, ¿no tener un título, no haber terminado la primaria? ¿Te da vergüenza tu pareja, tus hijos, tu cuerpo, tu ropa? La vergüenza siempre te esclaviza, y esta es la razón por la que no podés hablar, no podés compartir y te sentís invisible delante de los demás. Cuando sentís vergüenza de tu cuerpo, lo ocultás; cuando sentís vergüenza de tu familia, de que tu hijo tenga una adicción, te escondés en tu casa; pero recordá que fuiste creada libre. ¡Liberate de la vergüenza!
Una persona que siente vergüenza es porque está muy pendiente de la mirada ajena, presta demasiada atención a lo que la gente puede decir o pensar, es decir, sacó la mirada de sí misma para ponerla en la vecina, en la pareja, en el jefe. Deposita la mirada en los demás, ¡por eso se vuelve invisible para sí misma! Hay personas que son invisibles para sí mismas porque se perdieron en la mirada de los otros.
Empezá a mirarte más, dejá la comunicación sumisa, desenredate de la vergüenza que te tiene atada y esclavizada; comenzá a ser una mujer que provoca que las cosas sucedan. ¡Dentro de vos está toda la capacidad para lograrlo!

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