Me da culpa descansar

¿Te da culpa descansar? Hace poco hice una encuesta en Twitter que decía: “Me da culpa descansar porque…”. 14% de las personas respondió: “no lo merezco”, 32% dijo: “por el qué dirán”, y 54% aseguró “debo controlar todo”.

Lo primero que quiero decirte es que para descansar primero tuvimos que haber hecho algo. Cuando descansamos somos conscientes de que hemos generado algo, por lo que no deberíamos tener culpa por descansar, sino que tendríamos que vivir el descanso como algo natural. ¿Cuáles son los motivos por los cuales no nos damos permiso para descansar o cuando intentamos hacerlo sentimos tanta culpa que nos llenamos la cabeza pensando: “debería estar lavando”, “debería estar haciendo tal trámite”, “debería…”, “debería…”? Veamos algunos:

Uno de los motivos por los cuales a veces no podemos descansar o nos da culpa descansar es porque no valoramos lo que hacemos. Decimos frases como: “eso que hice es una pavada”, “lo que hice no es la gran cosa”. Lo que en realidad estamos diciendo es que lo que hicimos no es importante, y como no es importante, obviamente, no nos merecemos descansar.

Hay otras personas que dicen: yo hago, hago, hago y no me permito descansar o me da culpa descansar porque no me siento reconocido por el otro. Ese “otro” puede ser real o imaginario; puede ser un padre, un esposo, un hijo, una amiga, una madre que la persona siente que no la reconoce y por eso tiene que hacer y hacer para que en algún momento, si hace mucho, tal vez la reconozcan.

Hay otras personas que creen que si no están en permanente actividad, le están fallando a alguien. Tal vez se trate de alguien que vive o alguien ya fallecido, como un abuelo que era muy exigente o un padre que quería verlas siempre moviéndose, de lo contrario eras tildadas de “vagas”.

Por último, están “los vende humo”, que son aquellas personas que dicen: “Estoy cansada, pero no puedo descansar porque tengo muchas cosas…”, pero en realidad no hacen nada de nada. ¿Te identificás con esta descripción? ¡No seas vende humo!

Siempre es bueno crecer, ir por más, pero ese “ir por más” nos tiene que generar placer, y no una sobrecarga o angustia, porque nació de un deseo nuestro. Necesitamos aprender a disfrutar de lo que hacemos, y que cuando hacemos algo, tenemos que descansar. La ecuación lógica es Trabajo - Descanso - Trabajo - Descanso.

Ahora bien, ¿qué hacemos muchas mujeres cuando nos trae culpa descansar?

Nos quejamos: Estamos cansadas, entonces decimos cosas como: “a mí nadie me ayuda”, “nadie se da cuenta de lo que hago”, “me van a terminar matando”. Queremos incorporar a los otros a algo que nosotras elegimos hacer para no sufrir solas.

Nos enfermamos: Nos duele el cuerpo, se nos cae el pelo, se nos quiebran las uñas, se nos reseca la piel. Cuando no nos permitimos descansar y nos llenamos de tareas como si fuéramos súper mujeres, nos enfermamos para que la enfermedad nos autorice a descansar; la enfermedad nos pone el límite que no podemos ponernos a nosotras mismas. Cuando nos enfermamos también transmitimos el mensaje: “trabajo mucho”, y entonces, nuestros hijos dicen: “la vieja está agotada, hay que hacer algo”, o nuestra pareja declara: “bajá un cambio, pará un poco”. Indirectamente, con la enfermedad damos el mensaje: “no me reconocen lo que hago, y como yo tampoco me lo puedo reconocer, entonces me enfermo”. Si valoráramos lo que hacemos, no necesitaríamos el reconocimiento de nadie y podríamos regular el ciclo Trabajo - Descanso.

Necesitamos sincerarnos. Preguntate: “A ver, estas tareas que estoy haciendo, y que me llevan tiempo y energía, ¿tienen o no tienen sentido para mí?”. Si tienen sentido, merecen descanso, simple y sencillo. Ahora, si lo que hacés no tiene sentido para vos, si no estás satisfecha y te lo querés sacar de encima rápido, querés terminarlo cuanto antes porque no estás a gusto y no lo estás disfrutando, lo que tenés que hacer es orientar la tarea y empezarte a ir hacia lo que te gusta y te da placer. No se trata de que dejes de hacerlo, sino de que busques la manera de que te guste.

¿Valorás lo que hacés?, ¿estás esperando el reconocimiento del otro? Tal vez tengas una imagen idílica de lo que significa ser mujer. Tener una imagen idílica implica hacer todo lo viste que hacía tu mamá —o quien sea—. Esto te puede pasar en cualquier ámbito de la vida; en tu casa, en el trabajo, como madre, como esposa. Cuando querés ser un “modelo de”, te tenés que esforzar más allá de tus fuerzas, sin descanso, y el cuerpo después te lo cobra.

Einstein dijo: “La mente que resuelve nuestros problemas no puede ser la misma mente que los creó”. Vos y yo hemos creado problemas con nuestra mente que solo cambiando de mentalidad podremos resolver. Trabajá y luego descansá, disfrutá de la vida, divertite, ¡cuidate!

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