No confío en mis capacidades

Cuando enfrentamos dificultades, crisis, cuando intentamos resolver situaciones difíciles que se nos van acumulando, a veces terminamos enredándonos en esos problemas, no dormimos pensando en esas situaciones, y como no podemos encontrarles solución, los conflictos comienzan a ocupar todos nuestros pensamientos. Es como si los problemas fueran cordones que están todos enmarañados en nuestra mente. ¿Cómo hacemos para desenredarlos? La única solución es ir al núcleo del problema. Veamos tres maneras de resolver nuestros problemas y la falta de confianza:

1. Estás al mando.
Necesitás saber que estás al mando de tus problemas y que los vas a resolver. Nadie te conoce más que vos mismo, por lo que sos un especialista en tu propia vida, ya que sabés qué te gusta y qué no te gusta, qué te hace bien y qué te hace mal, qué es lo que querés que te pase y qué es lo que no querés que te pase más. Como sos un experto en tu vida, nadie más que vos puede resolver tus conflictos. Nadie tiene que venir a darte las soluciones, ¡vos estás al mando de tu vida!

¿Tenés un problema? No le pidas a tu papá, a tu ex, a tu vecino que te lo resuelva, vos sos experto en tu propia vida, vos sos el que tenés la última palabra cuando se trata de resolver tus conflictos. ¿Hace años que venís con ese problema matrimonial?, ¡resolvelo!; ¿hace años que venís con esa crisis con tus hijos?, ¡resolvela! Dejá de postergar la decisión y determinate a encontrar una solución, ¡estás al mando!

2. Ponete de acuerdo con vos mismo.
A veces no nos ponemos de acuerdo con nosotros mismos y pensamos: “¿Lo hago o no lo hago?”. No sabemos qué es lo que queremos, pretendemos ponernos de acuerdo con otros, cuando ni siquiera nos pusimos de acuerdo con nosotros mismos. Recuerdo que mis hijas miraban un dibujito animado llamado “Coraje, el perro cobarde”. El pobre perro nunca sabía si era corajudo o era cobarde; y a veces nosotros estamos así, divididos, sin poder ponernos de acuerdo, entonces, cuando llegan los conflictos, no podemos resolverlos, porque parece que son más fuertes que nosotros.

¿Cómo hacer para ponerte de acuerdo? Tenés que decirte a vos mismo cómo querés que termine ese problema, qué resultado querés obtener, porque eso lo determinás vos. Muchas veces estamos divididos y decimos, por ejemplo: “quiero tener una casa grande, pero no sé si realmente la quiero, porque después voy a tener que pasarme el día entero limpiando…”, “quiero volver con ella, pero a la vez estoy disfrutando tanto la libertad…”. ¿Te pasó estar así dividido alguna vez? Tenés que empezar a determinar cómo querés que se resuelva la situación que estás viviendo. No seas de doble ánimo, no quieras hoy una cosa y mañana otra, porque así no podrás resolver ninguna situación, y mucho menos, avanzar en la vida. Determinate y escribí el final de tu problema, porque si no lo determinás vos, lo van a determinar los demás, y te terminarán manipulando.

3. Dejá ir.
Dejar ir es, probablemente, la parte más difícil, porque, cuando no podemos encontrar el núcleo del problema, hay algo que tenemos que cortar. Cuando se nos enredan varias cadenitas, por ejemplo, y no podemos desenredarlas, a veces tenemos que decir: Bueno, que se rompa esta que es la más vieja, la que menos me gusta o la que vale menos”. A veces en la vida, para resolver un problema o una crisis, tenemos que dejar ir, debemos cortar por lo sano. ¿Qué tenemos que dejar ir? Situaciones, personas a las que estamos aferrados, maneras de pensar y de hacer las cosas, mandatos internos que alguien nos metió en la cabeza y nunca nos animamos a cuestionar, estructuras detrás de las cuales escondemos mucho miedo.

Dejá ir el orgullo, la bronca, los enojos, las estructuras y los mandatos, porque si no los soltás, vas a seguir aferrado al problema. ¿Qué tenés que dejar ir de tu vida? Recordá que estás al mando, vos sos el experto, nadie sabe mejor que vos de dónde venís y adónde vas, así que nadie tiene derecho a meterse en tu vida. Ponete de acuerdo con vos mismo y determinate a salir adelante.

Hay un momento en el que le tenés que poner un límite al dolor, hay un momento en el que tenés que decir: “¡Basta con este sufrimiento! ¡No voy a perder una noche más sin dormir por quedarme pensando en esta persona, en este conflicto, en esta crisis!, ¡esto se termina ahora!”. Ponele límites a tu dolor, ponele límites a tu crisis. Determinate y tomá una decisión. No tengas miedo, de lo que pueda pasar, porque los problemas que lleguen a tu vida nunca van a ser más grandes que el potencial y la capacidad que hay dentro de vos.

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