Mis amigas lograron cosas, pero yo soy un fracaso

¿Alguna vez te comparaste con una amiga, con un hermano o tal vez una cuñada y dijiste: “Mirá, ya tiene pareja, ya tiene auto, ya viajó por el mundo, y yo acá, sin novio y con veinte pesos de carga en la SUBE…”?

Cuando comparás tus conquistas con los logros de otra persona, ya sea una amiga, un familiar o incluso una persona que no conocés, y decís: “¡Mirá qué joven que es y todo lo que logró! Ya tiene marido, auto, un título universitario…”, lo que en verdad estás haciendo es convertir los objetivos del otro en tus propios objetivos. Empezás a vivir a través de los objetivos del otro, y entonces, si esa persona alcanzó determinada meta, vos también tenés que alcanzarla. Esto te lleva a olvidar tus objetivos para perseguir los objetivos de alguien más. Por ejemplo, pensás: “Todas mis amigas ya tienen pareja, ¡y a mí los hombres no me mandan ni una invitación para ser amigos por Facebook!”. Tal vez no querés tener pareja o quizás sí, pero buscás un hombre con ciertas características, pero como tus amigas ya tienen pareja, dejás de lado todos tus requisitos y te juntás con el primer hombre que se te cruce. O quizás todas tus amigas ya se hicieron alguna cirugía o retoque estético, entonces pensás: "Yo la única cirugía que tengo es la cesárea, ¡tengo que operarme de algo!”. Así, el objetivo de los otros comienza a ser tu objetivo. Poco a poco vas perdiendo tu horizonte, y lo que es peor, también perdés tus valores. Recientemente, recibí un mail en donde una mujer me contaba: “Alejandra, la empresa donde trabajo anunció que iba a cerrar, por lo que íbamos a ser despedidos. Frente a esta situación, todos mis compañeros empezaron a robar dinero de la empresa. Pasaba el tiempo y nadie se daba cuenta de que estaban robando, así que me dije: ‘Bueno, después de tantos años de trabajar acá, me merezco este dinero’, y también empecé a robar. Ahora vivo angustiada, con culpa, me siento mal porque tomé algo que no me correspondía. ¡No puedo seguir viviendo así!”. Esta mujer no solo había perdido su horizonte —no salió a buscar otro empleo, no averiguó bien cuándo iba a cerrar la empresa— para seguir el objetivo de los demás, sino que además perdió sus valores.

Cuando alcanzás un objetivo que no es el tuyo, es posible que al principio te sientas feliz. Decís: “Bueno, ahora tengo novio como todas mis amigas, ahora tengo dinero como los demás, ahora tengo una cirugía plástica como mis compañeras”, y eso te da algo de placer, pero después te empieza a incomodar. Te das cuenta que eso no era lo que querías, que eso no era lo que estabas buscando en la vida. Esto habla de falta de convicción y valoración de tus propios objetivos.

A veces confiamos y valoramos más los objetivos ajenos que nuestras propias metas. Tal vez pienses, por ejemplo, “Yo estoy alquilando, y mi cuñada, que recibió la misma herencia, ya tiene su casa propia y su auto 0km.”, sin darte cuenta de que vos alquilás porque tu objetivo era que tus hijos estudiaran, por lo que invertiste la herencia en pagarles a tus hijos la carrera. Es cierto, no te pudiste comprar la casa, pero tu objetivo era darles un estudio universitario a tus hijos. Te comparás con el otro y valorás más su objetivo que tu propio objetivo.

Querida mujer, es tiempo de que aprendamos a valorar nuestras metas, el camino que estamos recorriendo. No mires la vida del otro, no te compares, pero tampoco critiques los objetivos de los demás. Hay personas que como no lograron algo, critican al que sí lo logró. Es importante que entendamos que cada uno está caminando su camino, y nosotras tenemos que caminar el nuestro.

Cuando tenemos inseguridad nos dejamos manejar por los objetivos que el otro impone. Por ejemplo, si una publicidad dice que tenemos que comprar determinado objeto, muchas personas van y lo compran. La publicidad busca imponer metas y decirnos qué cuerpo debemos tener, cómo debemos de actuar, de qué manera nos tenemos que vestir, etc. Si tenemos inseguridad, si no valoramos y respetamos nuestras propias metas, nos dejamos llevar por los objetivos que otros nos imponen. Esta es la razón por la que debemos aprender a hacer las cosas a nuestro tiempo, y no al tiempo de los demás. Si tu amiga se compró la casa en dos años, felicitala, vos también te comprarás tu casa si ese es tu objetivo, pero vas a hacerlo a tu ritmo, de acuerdo a tus recursos, sin robar ni estafar, por ejemplo. Si tenés un negocio, seguramente anhelás tener más ganancia, pero para lograrlo no vas a bajar la calidad de tus productos, no vas a vender basura. Eso es mantener tus objetivos, tu enfoque, tus valores. Es cierto, tal vez no conseguiste lo que el otro ya consiguió, pero vos no mirás el objetivo ajeno sino que te concentrás en alcanzar tus propias metas, porque sabés cuál es tu sueño y qué camino has elegido recorrer para lograrlo.

¿Te gustó? ¡Compartilo!

 

Sumate al newsletter

Recibí todas las semanas nuestras charlas, mensajes motivacionales, información sobre los nuevos eventos y mucho más.

Contactate

  • Auditorios: Beauchef 834, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

  • Teléfono: (+54) 011 4924-1690 | 4923-0700

  • Email: info@alejandrastamateas.com

Seguinos